2011-11-18

La puñetera de la prima

Vaya bicho debía ser el crío aquel, al que todos apodaban "riesgo". Seguramente, en su vida, no había hecho sino jugársela a sí mismo y a los demás. Esto suele acabar mal, pero cuando te sale bien, te saca las castañas del fuego para toda la vida.
Y el angelito en cuestión no estaba sólo, no. Como buen miembro de clan, vivía con toda la familia. Pero de todos, la que más destacaba era la hija de su tío. Una niña mal criada que había nacido, no en época de opulencia, pero sí rodeada de ella. Sus padres, avaros y egoístas, sabían perfectamente cuáles eran sus prioridades en la vida; en realidad, su prioridad, porque era sólo una. Ellos mismos. Ellos, con ellos y para ellos. Sabían que el Mundo iba más allá, pero su tremebunda opulencia les impedía ver más allá de sus propios barrigones, grasientos, fofos y desparramados.

Y de esta selecta estirpe había nacido la niña. Obviamente era una niña malcriada; una niña que había crecido pensando que todo le pertenecía, que nada era suficiente para ella y que sus padres, incluso, algún día caerían víctimas de su propio vástago. Porque la niña sabía, como todos sabían, que cuando creas un monstruo, éste acaba desmembrado y destruido por las gentes que tardan en unirse para defenderse, pero que al final acaban haciéndolo. Se unen, decididos, cargados de razón y de ira, y derrotan al villano; aunque sea tarde, aunque haya pasado tiempo y el tiempo se haya cobrado sus víctimas.
Pero el monstruo cae. Y ese es el futuro de la niña; la puñetera prima. La prima de aquel bicho de crío; La prima de..."riesgo".